No me gustaba darle mucha publicidad, pues cuando dormíamos en la sierra, siempre había algún graciosillo, que le gustaba cambiar los pájaros de jaula, y te ibas de alba a dar un puesto con tu pájaro, y ya te lo habían cambiado, como no teníamos luz, pues te comías el cambiazo.
Hoy se ha ido para siempre, lo he enterrado junto a mi cabezón, para que sigan en el mismo bando, ya que estuvieron siempre juntos, y que el dios de los RECLAMOS los acoja en su bando.